
Después de varios incencios...
internos, externos.
Silencios y ausencias.
Pérdidas de memoria.
Algo quedó intacto. Una única cosa.
Entre los últimos cantos de grillos del verano, alguien dijo algo.
-es lo único bonito que nos queda....Ella pegó las manos en el cristal. Se sentó y dobló los dedos de los pies, los apretó contra en el suelo...
Olía a humedad, a musgo.
Se miró las manos. Estaban frías.
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